la mafia no descansa

Descendiendo del cielo: En tránsito por los bosques nublados de Kosñipata

Como el tiempo apremia y las maletas no se arreglan solas, deja que Amazon Journeys se encargue de esta aventura en las yungas orientales de Cusco, una selva poco conocida. ¡Una belleza! Tú sólo tienes que disfrutar.

Publicado: 2019-10-20

La cotidianidad cusqueña transcurre entre caminos y murallas de piedra ingeniosamente esculpidas y los vestigios de una civilización poderosa a cada paso. No hay rincón en esta urbe andina que no haya la evidencia del incario: el Palacio de Inca Roca, el Qoricancha en plena avenida principal, el Cusicancha, palacio donde nació el hijo del gran Pachacutec: Tupac Yupanqui.

Precisamente se vincula a estos dos soberanos con el avance inca hacia el Antisuyu, territorio hostil y por el que tenían un determinado interés organizando varias expediciones para su conquista. Las leyendas han querido vincular este avance hacia el este de los andes, con la conquista del Paititi, una suerte de arcadia perdida, una civilización pluscuamperfecta y de enormes riquezas que le quitaba el sueño a los generales del naciente imperio. Algunos cronistas de la conquista deslizan la posibilidad de que los incas sí llegaron a ubicar esta enigmática región, pero lo cierto es que investigadores contemporáneos aún debaten y rebuscan sobre la veracidad de esta civilización.

Atrás han quedado esas incursiones: el avance inca y español en la ceja de selva peruana en busca de ricas tierras, llenas de fabulosos tesoros. Ahora caminamos en medio del Valle de Kosñipata, Paucartambo, en la selva cusqueña y en ruta al Antisuyo, hacia esas selvas espesas, poco conocidas, donde confluyen las yungas fluviales y el llano amazónico. Kosñipata nos abre las puertas del edén con la única condición de dejar atrás nuestras preocupaciones mundanas. Como ninguna postal va a hacer justicia a este lugar, todo aquel que se diga explorador debería empezar a hacer la maleta al terminar de leer lo que sigue. 

Los caminos que conducen a la entrada del Manu comienzan en Paucartambo y a más de dos mil metros de altura. Este pueblecito de casitas blancas, de puertas y ventanas azules es preciso para hacer una pausa carretera y aventurarnos a cruzar su portentoso puente colonial, Carlos III. Esta localidad, se alborota cuando celebra a su patrona, la Virgen del Carmen, una festividad religiosa que convoca a todo el ande. Por ahora, estas calles están tranquilas y es posible observar el taciturno discurrir del río Mapacho mientras se disfruta de una truchita frita y se vuelve a mirar el puente colonial.

Más o menos unas dos horas más de viaje nos espera para poder instalarnos en las montañas de Wayqecha Lodge y ver el amanecer más espectacular del planeta en Tres Cruces. Pero antes, siempre se puede aprovechar el camino, nuestro guía, Leo, hace una parada en las Chullpas de Ninamarca, y al punto recorremos esta pequeña necrópolis de los lupacas, una etnia rival de los quechuas que expandieron el tawantinsuyo. Por aquí todavía pesa el aire y los pajonales lo pueblan todo.

Otra parada nos alerta que estamos en el abra Acjanaco y que comenzaremos a descender y otra parada, algunos kilómetros luego, ya nos encontramos en la caseta que da acceso al Parque Nacional del Manu. “Si amanece despejado, podremos ver el amanecer en Tres Cruces”, nos dice John Achicahuala, administrador de Wayqecha, Lodge. Acabamos de arribar a este refugio en medio del bosque de neblina y lo primero que interesa es observar la subida del sol desde oriente. “Veremos, si amanece despejado” nos vuelve a repetir mientras nos acomoda en una de esas cabañitas tan acogedoras y con vista a todo el bosque nublado y nos alerta que solo tenemos algunas horas de luz para cenar y recargar baterías. 

Aproximadamente son 2300 turistas que visitan las Estaciones Biológicas de Conservación Amazónica- ACCA,- administradas por Amazon Journeys-, lo hacen para acercarse a la naturaleza. El valor que hace la diferencia, a parte de lo evidente que es andar por esta porción amazónica, es la profesionalidad y la bioalfabetización de los guías o intérpretes locales.

Al que madruga dios lo ayuda, dice un viejo refrán y tenemos que aceptar que a veces esto es cierto, eso y una cuota de la buena vibra de Leo: “Cada vez que he venido siempre he visto salir al sol, nunca me ha defraudado”. De madrugada hay que hacer el trayecto que conduce a Tres Cruces, un balcón natural desde donde se puede observar la separación de las cumbres andinas y la amazonía, y donde estas últimas parecen dibujarse por entre la bruma. Hasta aquí se llega para tener una epifanía, la gloriosa sensación del mito del eterno retorno, cuando el sol emerge sobre un colchón de nubes y abre el firmamento azulado con sus primeros haces de luz.

En Wayqecha Lodge, se puede disfrutar de la naturaleza en la puerta del Parque Nacional del Manu y además llevarse conocimiento científico. Este refugio que comenzó albergando a grupos de investigadores, se ha abierto al ecoturismo y ahora cobija también a amantes de la naturaleza. Aquí se comparte espacio con orquídeas, achupallas y colibríes; también con osos de anteojos y pumas, y algunos primates, aunque estos últimos siempre mantienen su distancia. Aquí también se aprenden lecciones de valor: hay que tomar coraje para atreverse a cruzar el canopy más alto de sudamérica, aunque, a decir verdad, estando allí, balanceándose sobre el dosel de los árboles, el asombro es mayor que el miedo cuando percibimos que la neblina nos atraviesa y sigue su camino llevando agua, en aquellas nubes, para luego bañar la cuenca amazónica. 

Selva cusqueña. Recuerdas aquellas clases de geografía en las que – para generar más caos en las cabecitas escolares- nos enteraban que no eran tres sino más las regiones naturales del Perú. Pues, henos aquí atravesando las yungas fluviales en una camioneta, observando y aprendiendo esa lección que acaso no aterrizó del todo en los años primariosos, pero que ahora se queda perenne a fuerza de experimentación y observación justo aquí al “pie de monte” amazónico como nos señala una y otra vez nuestro amigo Achicahuala. 

Precisamente allí Amazon Journeys gestiona Villa Carmen Lodge, otro de sus refugios de naturaleza cerca de Pillcopata y el lugar exacto para desconectar. Y además para dejarse seducir por tangaras y caimanes, por anfibios diminutos (del tamaño de un meñique) y que los días pasen caminando entre las trochas, ayudando a restaurar estos ecosistemas y a conservarlos: “queremos reforestar con árboles nativos”, cuenta David Guevara, administrador de este fascinante lodge, “Es una forma de mantener con valor estos bosques e invitar a la fauna nativa a quedarse por aquí”

Un recorrido por el mítico Piñi Piñi es un momento culminante. Es el mismo río que los aventureros utilizaban para embarcarse en busca del Paititi, la ciudad perdida que los incas quisieron conquistar, anhelada y buscada sin éxito desde el siglo XVI y ubicada,- según algunos exploradores-, por esta parte de la amazonía peruana. La ribera derecha es cusqueña, la izquierda pertenece a Madre de Dios y entre ellas hay una diferencia evidente: la primera está en proceso de restauración por ello, los árboles van colonizando estas laderas y la población de especies animales que se asienta en sus copas comienza a crecer:”Finalmente los turistas que se quedan con nosotros están comprometidos con el cuidado del medioambiente y ellos se van de aquí sabiendo que con sus visitas contribuyen con nuestras operaciones de conservación” dice Guevara.

Este es un rumbo fascinante al Antisuyo, a esa porción de territorio, clave para el futuro. Recorridos que nos dejan más preguntas que respuestas y que hacen que cavilemos sobre la importancia de asumir postura y acción pronto con el planeta. Pero esta ruta es también una de aquellas codicias viajeras de los andantes, de esas que te hacen sentir que no alcanza la vida para conocer el Perú. No alcanza. Y que elucubran en la mente que acaso fuera la protección de esta riqueza biodiversa, esta explosión de vida, y no el oro, lo que volvió al Paititi inubicable.

En rumbo: 

¿Cómo Llegar? Desde Cusco se toma un auto que pase por el poblado de Paucartambo, bajar por el valle del Kosñipata donde se llegará a Wayqecha Lodge y luego se continúa hasta Pillcopata para culminar en Villa Carmen Lodge. El viaje dura de 8 a 9 horas y se reparte en cinco días.

Tours: De abril a noviembre es la mejor temporada para hacer este recorrido a cargo de Amazon Journeys

Reservas: reservas@amazonjourneys.pe

Teléfono: (084) 222329 082) 621682 – 984 765 547


Escrito por

Revista Rumbos

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Publicado en

REVISTA RUMBOS

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