no tenemos planeta B

Wayqecha y Villa Carmen: verde hasta donde alcance la vista

Desconexión, silencio. Dos refugios en medio de la selva cusqueña invitan a descubrir la naturaleza de los bosques de nubes y a tomar conciencia por el planeta.

Publicado: 2019-09-24

No hay rincón de la amazonía que no cause fascinación. Y es cierto, la porción de amazonía que nos toca , tiene su vasta cuota de naturaleza, de aventura y de vida pura. Ríos, cochas, cascadas, bosques, felinos, reptiles, aves, leyendas, brebajes suponen el escenario ideal para dar rienda suelta al imaginario. Pero, ¿Cómo de pronto las frías estepas andinas se vuelven, bosques exuberantes, cómo los helechos toman el lugar de los pajonales? 

Bosque de nubes

Vista aerea de Wayqecha  Foto: Ricardo Ramos 

Turismo de conservación en la selva de kosñipata Foto: Ricardo Ramos

Mientras se bajan los vidrios de las ventanas y el vehículo transita desde el abra Acjananco hasta Pilcopata, en Cusco, esa respuesta puede ser contemplada, en vivo y a color. El Valle de Kosñipata es uno de los rincones más biodiversos del planeta – no en vano es la ruta que conduce al Manu– y eso se nota en el paisaje, un escenario híbrido, una mixtura entre sierra y selva. En este lugar que parece sudar; donde hay el tiempo para observar el lento desplazamiento de las nubes y como se estrellan contra las murallas boscosas; y, donde hay una variación geográfica que se evidencia a cada kilómetro, se ubica Wayqecha Lodge Bosque de Nubes. 

De entrada hay que saber que estás en territorio científico. Sí, ¿quién dijo que la ciencia no puede ser interesante, atractiva, para el común de los mortales? Wayqecha, es vocablo quechua que se traduce como hermanito. Es también el nombre de uno de los establecimientos administrados por Amazon Journeys que en un principio le daba cobijo a hombres y mujeres de ciencia y a sus proyectos de investigación de campo en estas porciones de selvas peruanas.

Luego de años de estar por aquí, las cabañitas en medio de la espesura de la montaña -y la ciencia que allí se impulsa a través de Conservación Amazónica- ACCA-; comenzaron a atraer a otro público: birdwatchers, aventureros, fotógrafos, amantes de la naturaleza. Así nació la propuesta de turismo sostenible. En Wayqecha se abrieron los gabinetes al turismo especializado y desde entonces, hace ya más de 5 años, animan a los simples mortales a comprender y a asombrarse de la mecánica de este planeta en este laboratorio al aire libre: una visita a alguno de sus establecimientos es una lección de conciencia, una pregunta perenne sobre el devenir, un shock sobre lo que está pasando y una propuesta de salvación que recomienda mantener y restaurar estos valiosísimos bosques.

Las orquídeas que florecen en wayqecha superan las doscientas especies. Foto: Wendy Rojas

Numerosos senderos para explorar una selva poco conocida. Foto : Wendy Rojas

El turismo de naturaleza es una alternativa de desarrollo en las distintas regiones del Perú y es un tipo de turismo que quiere que sus operaciones el mínimo impacto posible, pero que además deje lecciones. En el caso de Amazon Journey, su operaciones también financian la posibilidad de que la ciencia siga prosperando y que pueda aportar recomendaciones de conservación en esta región biodiversa. 

Más que dicha es lo que se siente cuando se tiene la suerte de pasar unos días en estos refugios con casitas suspendidas en el aire, un balcón de nubes desde el que se observa y se escucha que la tierra late. Por aquí el asombro no se hace esperar al contemplar cómo las orquídeas adoptan formas de insectos para ser polinizadas, cómo los mosquitos pueden hacer llorar a un puma, cómo los colobríes quedan suspendidos en el aire, a fuerza de aleteo, para acercarse a los bebederos, cómo este espacio colecta el agua que metros más abajo se utiliza y cómo la lejanía y el silencio acalla los ruidos de la urbe y de una vida ajetreada y sin pausa.

Vistas impresionantes desde el canopy más alto de sudamerica donado en parte por la National Geographic. Foto: Ricardo Ramos

Muy temprano, Jhon Achicahuala, biólogo y administrador de Wayqecha nos promete un recorrido por el canopy. Para cruzar hace falta una cuota de valor. Estar por encima de gigantescos árboles, conocer a los habitantes de sus copas y observar como la neblina lo inunda todo, sí que exige, por ejemplo, vencer el vértigo; pero la recompensa es impagable. Al otro lado de este puente aéreo se observa una parcela de bosque cubierta de una malla: “ Aquí se estudia el comportamiento adaptativo de las especies del bosque frente al cambio climático”, comenta Achicahuala. En Wayqecha se experimenta el estrés que produce el cambio de la temperatura en los seres vivos y se registra a través de múltiples aparatos en la investigación que lleva a cabo- en esta porción de bosque cubierto-, el biólogo Daniel Metcalfe. “La información que aquí se recaba, las conclusiones, tienen que ser la evidencia, que actúe como soporte para la toma de decisiones” dice Jhon.  

Villa Carmen , un paraíso

El río Piñi Piñi es frontera natural entre Cusco y Madre de Dios. Foto : Ricardo Ramos

Musgos, helechos, bromelias. Hemos llegado hasta los 800 msnm. En las proximidades de Pilcopata, y, en lo que antes fue un fundo ganadero, ahora se levanta un pequeño complejo de cabañitas, tan deliciosas, tan provocadoras que dan ganas de quedarse por aquí: Villa Carmen Lodge 

No se diga más y al punto nos aborda el intérprete local, Leonidas Huacac. “ Aquí tenemos muchas variedades de plantas medicinales, hemos aprendido de las comunidades nativas, a observarlas, a saber de su valor” Entonces como en un frenesí, Leo, hace de una pequeña hoja un instrumento que suena como una trompeta. Caminamos siempre con él y luego de un tramo nos pregunta si tenemos sed y nos presenta un tronco: “Cola de león o Liana Maravilla, y agrega, cuando tienes sed pones el tronco vertical y empiezas a tomar tu agüita”. Una magia es que la naturaleza provea.

Variedades de plantas medicinales crecen en el huerto de Villa Carmen. Foto: Wendy Rojas

Al menos trescientas variedades de plantas nativas hay diseminadas por linderos de Villa Carmen y setenta crecen en su jardín, jardín que provee a la cocina de esta maravillosa estancia. Las cochas que rodean son otro recorrido a seguir. En ellas puedes pescar tu propio Paco, un pez amazónico, y alegrar de contentos a todos en la cena o, sí lo prefieres, iniciar una caminata de noche. De eso se ocupa nuevamente Leo. Con él correteamos por las cochas en busca de algunas ranitas y caimanes, buscamos entre la oscuridad esas farolas rojas que te observan a lo lejos, y escuchamos el aleteo de los insectos y su colorido desfile nocturno en busca de una fuente de luz. 

Anfibios de todo tipo y color invitan a las exploraciones nocturnas en Villa Carmen . Foto: Ricardo Ramos

Para cuando amanece, Shamshos y papagayos avisan que el día comienza y hay que ponerse en marcha para surcar el mítico río Piñi Piñi, río que algunos exploradores usaron para tratar de llegar al Paititi. A bordo de una embarcación podemos observar la selva que se quiere recuperar en la parte cusqueña de la ribera, frente a la selva aún primaria de la ribera de Madre de Dios. “Lo que nos diferencia de otras organizaciones es la conexión de ciencia con turismo”, dice David, Guevara, administrador de Villa Carmen, mientras nos conduce al mirador para darle una mirada desde lo alto al discurrir del Piñi Piñi. 

Instalaciones de Villa Carmen. Foto: Sire Martínez

Las habitaciones en Villa Carmen tienen las mejores vistas que miran hacia la selva cusqueña. Foto: Wendy Rojas

“Las estaciones no han perdido ese espíritu de generar ciencia,- dice Laura Samamiego, gerente general de Amazon Journey-, nosotros nos hemos abierto a una posibilidad de turismo especializado, de naturaleza” apunta. “La ciencia, los científicos que se establecen aquí no son seres extraordinarios, son personas comunes que tratan de entender qué está pasando con la naturaleza en sitios particulares como los que se ubican alrededor de los lodges”, dice Juan Loja Alemán, director ejecutivo de ACCA, y subraya :“la apuesta es impulsar una actividad que valore el bosque en pie y los recursos naturales del entorno”.

En rumbo: 

Villa Carmen, junto a Wayqecha y Los Amigos, son bastiones de la conservación en el país. Los tres son administrados por Amazon Journey para Conservación Amazónica- ACCA, y desde que empezó a trabajar, ha realizado más de un centenar de proyectos de investigación en el sur del Perú, atrayendo a investigadores de todo el mundo. En Villa Carmen se está generando un modelo de desarrollo regional basado en el turismo y la conservación. Se experimentan nuevas formas de hacer agricultura, restauración que esté en armonía con la Amazonía.

¿Cómo Llegar? Desde Cusco se toma un auto que pase por el poblado de Paucartambo, bajar por el valle del Kosñipata donde se llegará a Wayqecha Lodge y luego se continúa hasta Pillcopata para culminar en Villa Carmen Lodge. El viaje dura de 8 a 9 horas y se reparte en cinco días.

Tours: De abril a noviembre es la mejor temporada para hacer este recorrido a cargo de Amazon Journeys

Reservas: reservas@amazonjourneys.pe

Teléfono: (082) 621682 – 984 765 547


Escrito por

Revista Rumbos

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Publicado en

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