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Cactus del Perú

Nuestra tierra, con su vasta geografía, es el hogar de cerca de doscientas cincuenta especies de cactus. Frecuentes en los desiertos, aunque no exclusivamente restringidos a ellos, estas singulares plantas sorprenden con sus bellas flores a todo aquel que se detenga a observarlas.

Publicado: 2014-02-06

Texto Carlos Ostolaza 

Era el invierno de 1914 y el doctor Joseph N. Rose se encontraba de visita en el Perú para estudiar nuestros cactus. Al describir uno de ellos, colectado al este de Lima, comentó que era muy común en los cerros, desde Santa Clara hasta Matucana, donde formaba densas matas.

Más de sesenta kilómetros separan ambos lugares. Sin embargo esta especie, cuyo nombre científico es Haageocereus acranthus, sólo se encuentra hoy con algo de suerte cerca de Matucana. Este es un ejemplo solamente, pero hay una decena de especies de cactus que por tener el raro privilegio de vivir donde muchos miles de años después se fundó Lima, se encuentran ahora camino a la extinción.

En 1957, Paul Hutchison y Wolfgang Krahn descubrieron dos nuevas especies del género Matucana (M. madisoniorum y M. Krahnii) en la cuenca del río Marañón, que separa los departamentos de Cajamarca y Amazonas. En 1963 se describieron allí otras especies más. Cuando W. Krahn visitó nuevamente el área en 1977, reportó: "...sólo quedan unas cuantas de las plantas originales, (que) han sido recolectadas con un indiscriminado criterio comercial ... otras áreas cercanas sólo estarán seguras por corto tiempo...".

A la destrucción de los hábitats se añade una amenaza más: la recolección con fines comerciales. Esta es una práctica ilegal, ya que existe una amplia legislación que los protege. No obstante, como muchas disposiciones en nuestro país, éstas son burladas.

Y no existe justificación para que plantas que han logrado sobrevivir millones de años en un lugar, se encuentren ahora amenazadas de extinción por el hombre, que las erradica prepotentemente de sus hábitats naturales.

La Historia y la Leyenda

Curiosamente, no siempre fue así. En la localidad de Paloma, un asentamiento humano al sur de Lima con 7 mil años de antiguedad, cuando todavía no se había inventado ni la agricultura ni la cerámica, se ha encontrado excrementos humanos fósiles con semillas del cactus Haageocereus olowinskianus, muy cerca del lugar donde, hace sólo cincuenta años, se describiera esta especie y que ahora se encuentra seriamente amenazada por la invasión de cultivos de tuna (Opuntia ficus-indica). Esto significa que los antiguos peruanos consumían los frutos sin dañar el hábitat que los actuales pobladores no aprovechan.

Igualmente, en Chilca, al sur de Lima, hay evidencias del empleo de las largas y flexibles espinas del cactus Neoraimondia roseiflora, especie que crece en forma de candelabro, para la fabricación de anzuelos. La técnica, sumamente ingeniosa, fue desarrollada por pescadores primitivos hace más de 5 mil años: tomaban las espinas en crecimiento, que es cuando se pueden doblar sin que se quiebren, y las arqueaban en la base fijándolas con hilos de maguey (Furcraea sp.). Cuando la espina se secaba afilaban la base, cortaban la espina al tamaño ideal y le colocaban el sedal.

Los cactus peruanos

Los cactus, al igual que los picaflores y la familia de las puyas y las piñas (Bromeliaceae), son todos endémicos del continente américano; es decir, no existen en forma silvestre en ningún otro lugar del mundo.

Más interesante aún es que cada país de América tiene sus propias especies de cactus, debido a que los hábitats tienen, por lo general, dimensiones relativamente pequeñas. Por ello, es posible hablar de cactus peruanos sin caer en falacias ni chauvinismos, y por eso la imperiosa necesidad de conocerlos para poder protegerlos.

Existen más de doscientas cincuenta especies de cactus en el Perú, todos adaptados a diferentes climas, temperaturas y altitudes. De éstas, compartimos con los países vecinos menos del 20 por ciento, lo que deja un gran porcentaje de especies exclusivamente peruanas. Son, por tanto, parte importante de nuestra flora nativa.

Los cactus son plantas admirables por su adaptación, principalmente a los desiertos, con los que mucha gente los asocia y con razón. En la costa peruana (exactamente en unas lomas al norte de Chancay) habita el cactus Haageocereus tenuis. Este cactus ha desarrollado diminutos pelitos llamados ‘tricomas’ sobre las espinas, los mismos que sólo son visibles con una buena lupa o al microscopio. Su función es retener la brisa marina y llevarla a sus raíces. Esta especie está críticamente en peligro, ya que su pequeño hábitat está rodeado de galpones avícolas y pronto desaparecerá. Caso similar es el que aqueja al cactus Haageocereus repens, común en las cercanías de Trujillo. En cuanto un importante proyecto de irrigación llegue al valle de Chicama y su hábitat sea reemplazado por chacras de espárragos y otros cultivos de exportación, muy posiblemente desaparecerá.

Entiéndase que nadie está en contra de los proyectos agrícolas, pero un estudio de impacto ambiental permitiría encontrar una alternativa para evitar su inminente extinción.

En los valles y quebradas que conducen a la sierra existen otras especies de cactus. Una de ellas es la Matucana haynei, cuyo nombre se deriva del poblado al este de Lima.

Es pequeño, tiene lindas flores rojas y ha sido objeto de una intensa recolección con fines ornamentales. Ahora es imposible de hallarlo en las cercanías de Matucana, aunque afortunadamente existe todavía en algunas quebradas vecinas.

Otras especies de cactus sobreviven en la puna, o se han adaptado a los bosques lluviosos.

Algunos de nuestros cactus son definitivamente ornamentales como las especies del género Echinopsis que viven en la sierra sur del Perú (Ayacucho, Apurímac, Cuzco, Puno y Arequipa). Todos son pequeños y tienen hermosas flores diurnas.

Rituales

Probablemente el cactus más conocido en el Perú es el llamado San Pedro -científicamente Echinopsis pachanoi- y su popularidad se debe a que posee un alcaloide alucinógeno llamado mescalina.

Los curanderos peruanos conocen empíricamente este cactus y lo emplean en sesiones nocturnas donde lo consumen junto con sus pacientes para adivinar los males que los aquejan. Este conocimiento no es reciente, se remonta a la cultura Chavín, la más antigua de las civilizaciones prehispánicas. El hecho se comprueba al visitar el templo de Chavín en Huántar, en la sierra de Ancash. Allí hay una piedra tallada que muestra a un personaje que porta un tallo de este cactus. Esta representación, con cerca de 2 mil 500 años de antigüedad, es la más antigua que se conozca de un cactus.

Lo más asombroso, es que todas las culturas posteriores a Chavín, incluyendo los incas, han representado y/o empleado este cactus. Por eso, los curanderos del presente solamente están perpetuando una tradición milenaria.

Para salvar los cactus

Hay una solución inmediata que, aunque no es la mejor, permite salvar las especies limeñas cuyos hábitats son irrecuperables. Se trata del traslado y cultivo ex situ, en jardines de universidades y parques (tarea actualmente en marcha).

Una alternativa aún mejor es la creación de pequeñas reservas municipales en los mismos hábitats amenazados. Así, con el apoyo de la comunidad y de grupos interesados en los cactus y su conservación, es posible salvar estas especies en su propio ambiente natural.

Existen, finalmente, alternativas más técnicas, como el cultivo de tejidos y un banco de semillas para las especies de cactus peruanos en peligro de extinción; para ésto es vital el concurso de las universidades. Es posible que existan algunas más, pero ninguna solución tendrá éxito si no convencemos primero a las autoridades y luego a la población en general, de la importancia de preservar las especies nativas de cactus.


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REVISTA RUMBOS

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