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Concesiones mineras: un país de “cuadraditos”

Publicado: 2013-04-15

Mientras se prioricen las actividades extractivas sobre proyectos que alienten la naturaleza, la conservación en el Perú no va a prosperar. Entérese que es el “pitbull del inversionista” en contraposición al “perro del hortelano”.

Escribe: Mirbel Epiquién

Quería escribir sobre la belleza de los bosques secos, lo verde que se ponen en los primeros meses del año, las particularidades de su ecología, la fragilidad de sus poblaciones, los altos números de endemismos de aves, reptiles y plantas, y del misterio que aún alberga su floresta.Sin embargo, eso a quien le importaría si miles de hectáreas de matorrales y bosques secos se encuentran al interior de los “cuadraditos” (concesiones) otorgados por el Ministerio de Energía y Minas (MINEM). Es por ello que mejor hablemos sobre eso,  sobre los “cuadraditos” del reino mineral y su influencia insospechada, o sospechosa, sobre todos los esfuerzos  de conservación de nuestra naturaleza

He sido testigo del espanto y los rostros de derrota anticipada cuando al inicio de un proceso de conservación de un sitio determinado como importante por diversos motivos ecológicos y culturales, se sobrepuso la capa de concesiones mineras o petroleras y justo el área de interés estaba cubierta por los “cuadraditos” esos.  A partir de allí empezaban los problemas. Se obvia el verdadero valor ecológico o cultural del lugar y se planifica en función de las concesiones, excluyéndolas, redimensionando el área de nuestro  interés, o en otros casos desechando la idea de conservación por completo.  Pero tratemos de entender el origen de este conveniente pragmatismo.

Hace sólo  veinte años el Perú tenía 1.7% de su territorio concesionado para actividades mineras, hoy en día se trata del 21%, si a ello sumamos las concesiones para hidrocarburos (40% del territorio nacional), obtenemos que el 61% del país estaría bajo el poder de los “cuadraditos” otorgados por el MINEM. Este fenómeno, como ya es conocido, es el resultado de la apertura a las inversiones económicas primarias del primer gobierno de Fujimori y que en realidad es parte del primer paquete de reformas que nos chantó el Fondo Monetario Internacional, pero bueno, ese fue el punto de partida. Veinte años después tenemos dos terceras partes del país en propiedad de alguien.

Claro que los argumentos de no pocos entusiastas a la inversión minera manifiestan que el concesionario solamente tiene derecho sobre el subsuelo del “cuadradito” o que únicamente se viene trabajando en el 1% de las concesiones otorgadas.  Ambos argumentos no dejan de ser ciertos, pero en la práctica, en el día a día, estos espacios son una especie de territorios intocables en donde se reserva el derecho de admisión. Muchas veces hasta para los propios y legítimos propietarios, como es caso de muchas comunidades campesinas.

Así lo han entendido, o les han hecho entender, a  los organismos estatales que administran los recursos que hay sobre ese subsuelo, entre estos la naturaleza, ni que decir del patrimonio cultural desperdigado en cada kilómetro cuadrado del país. Entonces, cada vez que aparece una iniciativa ligada a la conservación del patrimonio natural o cultural la premisa es excluir a los “cuadraditos” existentes. Vale decir, quedarnos con lo que sobra, que casi siempre es lo que no nos interesaba. Son los “derechos adquiridos”, que se convierten en los derechos plenipotenciarios del que paga por la concesión.

Ok, si la lógica es que la concesión es del subsuelo, nada impediría (lógicamente hablando) que se otorgue una concesión desde el suelo hacia el cielo, con fines de manejo sostenible digo,y que luego, así como se exige una gestión ambiental en las explotaciones mineras, también nuestro concesionario o propietario de derecho del suelo hacia el cielo exija a su vecino del piso bajo (concesionario del subsuelo) un manejo adecuado de su actividad para no afectar a sus intereses, total, ambos están aportando al desarrollo del país, ¿o no?.

Ahora, pensemos en términos jurídicos, que es lo que más le conviene al Perú. Si hay concesiones que tienen más de 10 ó 15 años y simplemente no se ha hecho ningún tipo de intervención activa pues debería revertirse al Estado y no bloquear otras iniciativas de uso del territorio, sino sería actuar como ese ingrato y famoso “perro del hortelano” pero a la inversa, algo así como el “pitbull del inversionista” . Esta idea ya ha sido ampliamente debatida pero el “pitbull del inversionista” prefiere mantener el derecho de admisión de manera indefinida, permitiendo de esta manera el ingreso de actividades informales, depredación de recursos y degradación de la naturaleza. Total, lo bueno está debajo.

Otro criterio importante es que se compatibilicen los usos del territorio con las demandas y características de la población, y allí los instrumentos de Zonificación Ecológica Económica (ZEE) son una salida importante al tema. Hay una dura batalla allí. Hacer que la ZEE sea un instrumento vinculante para otorgar derechos sobre el territorio.

Finalmente definir un juego más justo, es risible que para otorgar un petitorio minero baste llenar un formulario, tu copia de DNI, tu número de RUC, constancia de productor minero y tus 365 nuevos soles y te lo otorgan ipso facto. En cambio si quieres conservar la naturaleza debes mandarte con tu bodoque de expediente técnico (que en realidad debe estar por los 365 nuevos soles multiplicado por 50), tus consultas verificables (actas) de los titulares de derecho, la exclusión de los “derechos adquiridos”, y con suerte tendrás un reconocimiento como tal al año de presentada tu solicitud, si es que no tienes observaciones “técnicas” y mientras la subsanes aparecen unos “cuadraditos” y pues, deberás excluirlos, y así sucesivamente hasta que terminas con un área final mucho menor que la inicial y en forma de rombo o juego de Tetris.

Esos bosques secos, tan bellos y misteriosos están siendo invadidos por los “cuadraditos”.Hasta hace poco eran los páramos, punas y bosques montanos los infectados, pero ya no hay más espacio en esos lugares  y algo bueno habrá  debajo de los algarrobos, faiques y palos santos, digo.


Escrito por

Revista Rumbos

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